Un golpe en la caseta de cristal de la ducha hizo a Mad volverse. Amalia estaba afuera y le hacía unos gestos.
—Cariño, ¿quieres ducharte conmigo?
—Tal vez en otro momento. ¿Estás esperando alguna visita?
En el momento en que Mad negaba, les llegó el lejano sonido del timbre.
—¿Viste de quién se trata?
—No. Tú dijiste que no me acercara a la puerta.
Con un mal presentimiento instalado en su cabeza, Mad se secó y vistió lo más rápido que pudo.
—Deberías poner un intercomunicador en la entrada