Mad inhaló profundamente al cruzar la puerta de su piso y sólo sintió la sutil esencia del aromatizante ambiental. Nada de sangre ni la fetidez fría de la muerte. Fue hacia el comedor mientras Amalia iba a su habitación. Ella no desempacó, sospechaba que no se quedaría mucho tiempo allí.
Mad seguía en el comedor cuando ella salió, atrapado en los horribles recuerdos de aquella noche.
—Tal vez sea buena idea mudarte.
Él le dedicó una mirada que le enfrió la sangre.
—¿Crees que estoy traumatiz