Despierta desde hacía varios minutos, Amalia no se había atrevido a dejar la cama. Todavía no podía creer que Mad estuviera a su lado, y que hubieran hecho mucho más que dormir.
Su pequeño cuerpo, desnudo y cansado, quedó debajo del de Mad cuando la rodeó con el brazo. Ahora el izquierdo lucía igual de tatuado que el derecho. ¿Se arrepentiría Mad al despertarse?
¿Se arrepentiría de estar allí con ella?
Asediada por el calor de su cuerpo, no pudo evitar removerse.
—¿Quieres ir al baño? —preguntó