—¿Qué sabes de las golondrinas?
Luego de su búsqueda, Mad regresó al departamento donde estaba Amalia.
Ella lo miró con extrañeza.
—Sé que pueden dar su vida con tal de ver a un príncipe feliz. ¿No vas a comer?
Mad apartó con recelo su muslo de pollo. Probó algo de ensalada.
—No soy muy instruida, pero he leído algunos clásicos —añadió Amalia.
—No hablo de libros, sino de pandillas.
Amalia masticó en silencio unos instantes. Bebió un sorbo de jugo y volvió a llenarse la boca. Habló cua