Úrsula preparó su habitación como si fuera a tener una cita romántica. Movió todo lo que la pudiera delatar en su trabajo de actriz, encendió algunas velas donde antes estaba su lámpara de premio Oscar, guardó sus libros de actuación y puso en el librero unos de tecnología, con los lomos apuntando hacia la cámara de su PC.
—Pedro, si oyes ruidos raros viniendo de mi habitación, no te preocupes. Estaré practicando mis diálogos.
—¿Necesitas ayuda?
—No... no te preocupes. Descansa.
Una lencería s