Después de la llamada del detective, La furia de Mad disminuyó considerablemente. Guardó el arma, se quitó de encima de Amalia y pareció... perdido.
—¿Te dijeron quién lo hizo? ¿Ya sabes que no fui yo?
Mad asintió.
—¡Infeliz trastornado! ¡Ibas a matarme por nada! ¡Te dije que no lo hice! ¡Te lo dije! ¡Ahora podría estar muerta!
—Te habría comprado una bonita tumba.
—¡No es gracioso!
—Claro que no lo es, una muerte en vano es lamentable.
—No puedes andar por ahí atacando a quien se te cruce por