Muy inmersa en su papel de asesora de hogar, Amalia le preguntó a Mad qué quería para el almuerzo. Se lo preguntó a las seis de la mañana, cuando él regresaba de ir a trotar. Ella no era la única que dormía poco.
—Comeré afuera, así que prepara algo sólo para ti.
—¿Y para la cena?
—Ordenaré algo, es lo que hago cuando no quiero cocinar.
—Bien. Lavaré tu ropa entonces.
—No te acerques a mi habitación. Mejor aún, no toques nada en mi ausencia.
—Pero se supone que trabajo para ti, ¿qué quieres q