La abuela de Unavi siempre decía que contar los sueños antes del mediodía impedía que se cumplieran. La conversación telefónica con Alfonso no había sido un sueño, pero se sentía como uno, irreal y mágico; tan frágil como un cubo de hielo a la intemperie.
Tenía miedo de que sus ilusiones se hicieran aguas.
—¿Alguna buena noticia? Hoy tus ojos están más brillantes —comentó Hilda, su maquilladora.
—No puedo decirlo, pero es probable. Es probable que por fin los astros se alineen a mi favor y logr