El impase de la productora de Lu con salubridad ya se había resuelto y la película seguía en marcha, con más fuerza que nunca.
En el set, Alonso Chamus se paró frente al ventanal de su oficina, con expresión de abatimiento. El corazón se le caía a pedazos. Del otro lado, tras las cámaras, varios se hacían los fuertes para no llorar.
—Confié en ti, Gabriela... —se carcajeó funestamente— pero ese ni siquiera es tu nombre. Nada sobre Gabriela es real. Pensé que podía confiar en ti, parecías tan