En el sillón tan parecido al de Alfonso, donde Unavi le había prometido a sus fans que subiría la temperatura, efectivamente subía la temperatura.
—Espera... ¡Alguien podría venir! —reclamaba Unavi, atrapada bajo el atlético y ardiente cuerpo de Prad.
—¿Y qué? Soy el jefe, si molestan, los despido.
Besó a Unavi con el fervor de un enamorado adolescente. Se estaba desabrochando el pantalón cuando la puerta se abrió y entró una mujer muy parecida a Dina Leal.
—¡Alonso! —exclamó ella.
Los so