Eira;
La rabia y la frustración no dejaban de recorrer mis venas mientras seguía encerrada allí día tras día. La orden que la bestia me había dado era imposible. No podía rechazar a mi compañero predestinado. En nuestra manada era prácticamente un tabú que una mujer rechazara a su compañero predestinado sin una razón de peso.
Había castigos para cualquier mujer que se atreviera a hacerlo. El hombre que la Diosa te había destinado era con quien debías estar, o serías desterrada. La única forma d