Capítulo 62

San Gregorio no volvió a dormirse.

Eso fue lo primero que Adriana notó al amanecer. El pueblo seguía funcionando —los negocios abrieron, los niños fueron a la escuela, los buses pasaron a la misma hora—, pero algo en el aire había cambiado de forma irreversible.

Ya no había una sola versión.

Y eso, en un lugar acostumbrado a la uniformidad, era profundamente desestabilizador.

Adriana caminó temprano por la calle principal. No llevaba
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