El salón privado de Yskara era pequeño en comparación con otros espacios de la fortaleza, pero igual de imponente. Las paredes estaban cubiertas de tapices que contaban la historia de los Lycan, y una gran chimenea crepitaba en un extremo, llenando el ambiente de calor.
Saya esperaba de pie en el centro, su vestido oscuro contrastando con la claridad del lugar. Había sido conducida allí por dos guardias Lycan que no le habían dicho una palabra durante el camino.
No sabía qué esperar. Pero una p