Damián cayó al suelo, tosiendo, recuperando el aliento.
—No me vengas a reclamar aquí —dijo Bóreas, mirándolo desde arriba—. Porque te juro que eres el menos indicado. Si tu lobo hubiese sido lo suficientemente fuerte para destruir esa estupidez que tenías cuando Aynara era tu pareja, ella no hubiese sufrido tanto. Porque sí, Damián, Aynara aún lleva las cicatrices de ese accidente. Aún tiene pesadillas con ese lugar.
Damián bajó la cabeza.
—Lo sé.
—¿Y qué has hecho para remediarlo? ¿Qué has hec