Esa noche, Bóreas había convocado a Ariel y Carlo a su estudio personal. Era hora de aclarar muchas cosas.
Los dos lobos caminaron por los pasillos de la fortaleza escoltados por un guardia silencioso. Sus pasos resonaban en la piedra, y cada rincón que descubrían les parecía más imponente que el anterior. Pero nada los preparó para lo que vieron al entrar al estudio.
El lugar era enorme. Estanterías de roble oscuro cubrían las paredes, repletas de libros antiguos y pergaminos enrollados. Un gr