Mientras Tarian esperaba a su presa —o mejor dicho, a su destinado—, Aynara tenía mucho trabajo.
Ser la reina Lycan no era cualquier cosa. Era una gran responsabilidad, y ahora que podía ejercerlo con más libertad, no iba a quedarse de brazos cruzados. La reunión con las lunas de las manadas de lobos fue un gran suceso. La manada Lycan no lo había hecho nunca. Llamar a las esposas de los alfas, sentarlas en una mesa, escuchar sus voces... eso era nuevo. Revolucionario. Y Aynara fue la primera r