En el estudio, la atmósfera era tensa.
Bóreas se sentó detrás de su escritorio, sus dedos tamborileando sobre la madera. Tarian ocupó la silla frente a él, con las manos apoyadas en las rodillas.
—¿Vas a secuestrar a un fiscal? —preguntó Bóreas, sin rodeos.
—Voy a persuadirlo —respondió Tarian.
—¿Persuadirlo?
—Sí. Con encanto.
—¿Encanto?
—Y comida.
Bóreas la miró largamente.
—Tarian.
—¿Sí?
—Si vas a secuestrar a un fiscal, quiero que sepas que nos vas a meter en problemas.
—Lo sé.
—¿Problemas g