Al día siguiente, bien temprano, Antonio se removió en la cama. El sueño lo abandonaba lentamente, y una sensación cálida lo envolvía. Algo no estaba bien. Algo se movía.
Entonces lo sintió.
La mano de Tarian se había deslizado por debajo del pijama de Antonio. Había llegado a una zona íntima, y allí se había quedado, tranquila, como si fuera lo más natural del mundo.
Antonio abrió los ojos de golpe.
Tarian dormía a su lado. Hermosa como una diosa del Olimpo. Su cabello oscuro se extendía sobre