Verle la cara me molesta, no la soporto y ver como me desea, la forma en la que me mira y me disfruta sin siquiera tocarme me da náuseas, un asco muy grande que va mucho más allá de un ataque de celos.
—Que coño haces...? —la encara Samuel.
—Descubrir a tu amante —Sheyla cruza el umbral y cierra la puerta detrás de ella —. Lo tengo todo grabado. Que beso más tierno.
—No tengo nada con él y lo sabes —me defiendo ante su irónica forma de hablar.
—¡No! —niega estirando los labios y es repugnante