—Lo pedí amablemente, pero si eso es demasiado difícil para ti… No me dejas alternativas —Tristán hizo ademanes de acercarse, sabía lo que pretendía hacer, él me iba a morder para saber mis secretos a través de mi sangre. Cuando lo tuve cerca una voz interior habló por mí.
—¡No te doy permiso! —esa orden lo dejó inmóvil, creando una especie de escudo invisible que no lo dejaba consumar lo que pretendía hacer.
—¡Esto debe tratarse de una broma de muy mal gusto! —gruñó —. ¡Mi maldición está en tus