—Su nombre era Ana Álamo, en vida fue una mujer muy respetada y querida por la sociedad; era la abuela de Estefanía.
—Ahora entiendo —susurré, luego me arme de valor y pregunté por Adrián
—En estos momentos está muy lejos de aquí —me respondió Nahethis; sentí tristeza, guardaba la esperanza de verlo. —Victoria, síguenos, el tiempo apremia —. Caminé tras de ellos, cuando estuve frente de una habitación que me hizo sentir una familiaridad confortable, Alyan me pidió que retrocediera.
—Los sentimie