Adrián.
Llegué a la hacienda, tratando de controlar mi ira y olvidar lo ocurrido, pero las circunstancias se me estaban complicando. Entré apresuradamente al santuario para ver a Alyan; allí se encontraba la abuela de Victoria y Romina, ambas lo rodeaban. Esta última, al verme, se dirigió hacia mí y me abrazó, luego depositó su cabeza en mi pecho como si se le hubiera olvidado todo lo que le había comunicado; no le negué el abrazo. Luego de un breve instante, la aleje de mí y me acerqué a E