Adrián.
Tenemos una conversación pendiente, dijo Romina en cuanto me vio salir de la habitación donde mantenían recluido a Alyan.
—No estoy de humor para esto —respondí, intentando contener la poca paciencia que aún me quedaba.
Romina sonrió, pero en su gesto había más tristeza que ironía.
—Claro, no estás de humor… porque yo no soy ella.
—Romina… —murmuré, tomando aire antes de continuar—. No sé si te has dado cuenta, pero detrás de esa puerta está Alyan, luchando contra el veneno que Luthzer