Kalia Palacios.
No había sido una tarea fácil abandonar la presencia de Tristán; la sensual proscrita, esbozó una sonrisa triunfal cuando se le escabulló. Si de algo podía hacer alarde, era de esa exquisita capacidad de desaparecer sigilosamente entre la noche. Kalia se envolvió en la neblina nocturna y emprendió su camino hacia la casa de Victoria. Al llegar, se refugió entre los arbustos que rodeaban la casa, se elevó y cayó en el balcón de Alberto Montesinos con agilidad.
A través de