Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa herida en el cuerpo de Arturo se cerraba lentamente, dejando la piel tersa e intacta, como si jamás hubiera sido desgarrada. Sus párpados se abrieron, y una sonrisa triunfal se dibujó en sus labios. Alzó las manos a la altura de sus ojos, contemplando con deleite el poder que volvía a fluir por su carne renacida. Anastasia, Leo y Lavied lo observaban en silencio, sabiendo que aún no era momento de acercarse. Respetaron su renacimiento







