Mundo ficciónIniciar sesiónVictoria
Ya estábamos frente a la propiedad. Adrián apagó la moto, y yo bajé desesperada, corriendo hacia la entrada.
—¡Espera, Victoria, detente! —me advirtió él, pero ignoré su voz. En ese momento, el desespero era más fuerte que cualquier razonamiento.







