Capítulo 95 — La Jaula de oro y las leyes de hierro
El conde de Derby desmontó con la ayuda de un mozo de cuadra. Se sacudió el polvo de la chaqueta y se ajustó los guantes, con esa dignidad inquebrantable que lo caracterizaba. A su lado, el marqués de Northfolk y el duque de Richmond intercambiaban comentarios breves sobre la jornada, manteniendo una cortesía fría pero impecable.
Apenas puso un pie en el primer escalón de la entrada, un empleado de librea se acercó con paso rápido y silencios