Capítulo 96 — Advertencias veladas y ecos de familia
El despacho del conde de Derby apenas había recuperado el silencio tras la partida de Virginia cuando un golpe seco y decidido resonó en la pesada puerta de roble. El conde, que permanecía de pie frente a la chimenea observando cómo las llamas consumían un tronco de leña, no se giró de inmediato. Sabía quién era. Había citado al joven Esteban Neville con la misma urgencia con la que había recibido a su pupila, aunque por motivos radicalmente