**Capítulo 92** Un chiste mal contado.
10 AM.
Hasta ese día, Cloe no había tenido el valor de ir a la glorieta que estaba ubicada en el jardín delantero, donde todos podían verla. Su postura parecía relajada, pero las miradas que las personas que pasaban por ahí le lanzaban la hacían tensarse. En cada paso, cada cuchicheo, Cloe sentía el repudio.
Y, como si fuera un ritual, las nuevas empleadas que pasaban por allí dirigían sus ojos inmediatamente a la marca ardiente de en cuello, que no podía ocultar.
—¡Hola, Cloe! —dijo Samira co