**Capítulo 77** Mordida maldita.
En el castillo de la manada, la atmósfera pesaba en el momento que Cloe cruzó el umbral. Las miradas de los presentes se clavaron en ella como dagas. El desdén era claro, y aunque había esperado algo de hostilidad, no pudo evitar que la incomodidad la recorriera.
Sin embargo, lo que realmente encendió su furia fue la presencia de Isabella, que parecía moverse con demasiada comodidad entre los suyos.
«¿Qué hace aquí todavía?», pensó Cloe, quien, a pesar de la angustia por Ethan, sentía como los