**Capítulo 67** Ahogando las penas.
Cloe soltó una risa amarga, pero era una risa vacía, que no llegaba a su corazón.
Samira ignoró completamente el tono de Cloe y, con una mirada tranquila, señaló el plato de pasta a la boloñesa que había preparado.
—Cenamos aquí —pidió con suavidad, mientras indicaba el área del desayunador con una pequeña sonrisa.
Cloe, aún reticente, tomó asiento, aunque su apetito había sido reemplazado por una sensación amarga que le recorría el estómago. Aun así, no podía negarse.
Samira le sirvió un poco