**Capítulo 30** Aullidos de rebelión.
Cloe recordaba vívidamente cómo, hacía cuatro años, su auto se había apagado en una carretera desierta. Al salir a buscar señal para su teléfono, un gruñido feroz la había detenido en seco.
Había girado para encontrarse con la mirada de una bestia salvaje; el lobo la había lanzado al suelo y había hundido sus colmillos en su nuca. Aquella experiencia la había dejado marcada de por vida, y el pánico que sentía ahora era un eco de aquel horror.
«No puedo morir aquí. No le he hecho daño a nadie.