15- Una orden traicionera.
Elyria se estiró sobre el diván junto a la cama, suspirando con autosatisfacción
Cerró los ojos un instante, saboreando el recuerdo de cómo Gregor la había mirado y en cómo estuvo a punto de besarla.
«¡Ya casi lo tengo!», pensó segura de que en cualquier momento, caería rendido ante sus encantos, y cuando eso pasara, lo celebraría como niña emocionada.
¡Lo estaba logrando! Para alguien como ella, inexperta en la seducción, conseguir más avances que esa loba desgraciada que intentaba competir