50.

La tensión en la mesa se podía cortar con un cuchillo. En cuanto Sebastian mencionó a Isaak el hadita dejó de comer, se puso de pie sobre la mesa y tomó aire con fuerza, abriendo mucho la boca con una intención clara.

— ¡BUENO, SI QUIERES SABER LA VERDAD, ESE HUMANO GRIS ES UN...! — empezó a chillar la ninfa.

— ¡Toma, un terrón de azúcar nuevo! — exclamó Bella a toda velocidad, metiéndole el dulce directamente en la boca para silenciarla.

La pequeña criatura soltó un sonido ahogado, quedando co
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