49.
El silencio que los envolvía era tan denso y cargado de electricidad que el mundo exterior parecía haberse detenido, hasta que una voz chillona y llena de sarcasmo cortó el aire como un cuchillo.
— ¿Ya terminaron? — exclamó la ninfa, sentada sobre una pila de galletas con los brazos cruzados — Llevan como media hora mirándose a los ojos fijamente. Si siguen así, se van a quedar pegados como el caramelo.
El hechizo se rompió de golpe. Bella y Sebastian reaccionaron como si hubieran recibido una