36.
Apenas las pesadas puertas de la habitación se cerraron tras ellos, dejando a Anna en el interior, Bella detuvo su paso de golpe. Con un movimiento rápido y algo ansioso tiró del brazo de Sebastian para obligarlo a girarse hacia ella. Su rostro reflejaba una seriedad que lo puso en alerta inmediata.
Sebastian la observó con fijeza. Al ver la expresión de angustia en sus ojos y la forma en que ella había esperado a estar a solas, una sospecha gélida le recorrió la espina dorsal.
Por un momento pensó que Anna, bajo esa máscara de eficiencia, estaba siendo cruel o malvada con ella. La sola idea hizo que la sangre le hirviera y sus manos se cerraran en puños, estuvo a punto de soltarse de Bella para entrar de nuevo en la habitación y exigirle cuentas a la doncella.
— ¿Qué pasa? — preguntó él con una voz que ya empezaba a cargarse de una peligrosa autoridad — Si alguien te ha hecho algo o te ha dicho algo inapropiado dímelo ahora mismo.
Bella negó con la cabeza frenéticamente, pero su tono