34.

— ¡No fue a propósito! — exclamó Bella, señalando con indignación hacia el techo como si hubiera un culpable invisible escondido entre las vigas — ¡Solamente estornudé y el cielo decidió bañarme aquí mismo en medio de mi habitación! ¡Es una falta de respeto!

Sebastian soltó una carcajada limpia y sonora, una de esas que rara vez permitía que escucharan los demás. Le resultaba adorable la forma en que ella regañaba a los elementos como si fueran personas tercas. Con un gesto suave le pidió a Ann
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