33.
A pesar de su resistencia inicial a tener una sombra, Bella tuvo que admitir que Anna era una bendición. Sus manos parecían tener un don; cuando la ayudaba a estirarse o le daba masajes para aliviar el entumecimiento de sus músculos atrofiados Bella sentía que la tensión abandonaba su cuerpo como si fuera magia.
Además, la doncella resultó ser mucho más gentil y dócil de lo que su mirada filosa sugería era una conversadora experta que sabía cuándo hablar y cuándo simplemente escuchar el silenci