Las últimas palabras de Ashen quedaron suspendidas en el aire de la cueva, tan densas y frías como el humo. Lo miré fijamente, convencida de que no había oído bien, de que el veneno o el agotamiento me estaban haciendo alucinar. Volver al clan. Arrodillarme. Humillarme. Convertirme en una sombra a plena vista.
La idea era tan demencial, tan contraria a cada fibra de mi ser, que la primera reacción que tuve fue una risa. Fue un sonido seco, áspero, desprovisto de cualquier alegría.
—Estás loco —