La mirada de Rheon barrió la escena: yo, su Luna prisionera, fuera de la cabaña, desaliñada y temblando, aferrada a su guardia, que parecía igualmente aterrorizado. La confusión y la rabia lucharon en su rostro, una tormenta contenida a punto de estallar.
No se movió. Su primer acto fue una orden, su voz era un gruñido bajo y letal dirigido al eslabón más débil, pude notar como su aura de Alfa se imponía a nuestro alrededor, sospechaba de que lo estuviésemos engañando y planeaba obligar al guar