Las palabras de Ashen cayeron sobre mí en el silencio del crepúsculo, no como una revelación, sino como una sentencia. "El arma que puede matar a las sombras también puede matarte a ti". El triunfo que había sentido por haber invocado la luz se evaporó, reemplazado por un pavor helado que se aferró a mis huesos.
Me quedé allí, en el centro del claro, sintiendo el vacío que la pequeña esfera de luz había dejado tras de sí. Era una debilidad tangible, un hueco en mi alma. Mi mayor poder, mi heren