Puse una mano protectora sobre mi vientre, sobre la prueba viviente de mi traición. Mis cachorros. El terror retrocedió, reemplazado por una oleada de feroz determinación. Había sobrevivido. Habíamos sobrevivido. Y ahora, tenía la llave.
Tenía el arma que necesitaba para desenterrar el pasado y proteger su futuro.
Debía salir de allí. La distracción en los campos de entrenamiento no duraría para siempre. Los pasillos, ahora inquietantemente silenciosos, pronto volverían a llenarse de guardias.