No dimos ni un paso más.
El bosque quedó atrás, pero no avanzamos. Algo en el aire cambió en el mismo instante en que esa sensación se hizo más clara. No era una amenaza externa, no era una presencia acercándose desde la oscuridad. Era el santuario llamando otra vez. No con urgencia, sino con una necesidad silenciosa, firme, imposible de ignorar.
Me detuve.
Ashen lo entendió sin que tuviera que decirlo. Dorian también. Incluso Aneira, que apenas comenzaba a relajarse tras el juicio, volvió a te