La línea y el círculo no eran solo marcas en madera.
Eran dos respiraciones distintas dentro del mismo bosque.
Durante los días que siguieron al tallado del símbolo en el claro, aprendí a reconocer esa diferencia en el aire. No era algo visible ni tangible; no era una energía mágica que vibrara como cuando Hecate imponía su voluntad o cuando la Luna intervenía con fuerza antigua. Era más sutil. Más humano.
El norte respiraba con contención.
El centro respiraba con apertura vigilante.
Y yo me en