La línea vertical bajo el símbolo no desapareció con la lluvia.
Eso fue lo primero que comprobé al amanecer.
La noche anterior el viento había soplado con fuerza desde el norte, trayendo humedad densa, hojas arrastradas, ramas caídas. Pensé, por un instante ingenuo, que la tormenta leve borraría aquella marca reciente como el bosque borra las imprudencias humanas.
No lo hizo.
La línea seguía allí.
Recta.
Firme.
Tallada con intención.
Dividiendo el círculo antiguo en dos mitades exactas.
No era