El grito no llegó desde el bosque.
Llegó desde dentro.
Fue corto. Ahogado. Brutalmente humano.
No fue el tipo de sonido que un guerrero emite al caer en combate. Fue el sonido de alguien que no entendía lo que estaba viendo. De alguien que había encontrado algo que no debía existir.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Ya estaba corriendo cuando el segundo grito se alzó, más claro esta vez, más cercano al centro del campamento. Ashen apareció a mi lado en el mismo instante, su presencia alin