No limpié la sangre.
Esa fue mi primera decisión al amanecer.
Muchos lo consideraron un error. Lo vi en sus miradas. En la incomodidad que recorría el campamento cada vez que alguien pasaba frente al árbol de los juramentos y encontraba el nombre aún allí, oscuro, seco ya, pero imposible de ignorar.
MAEL.
No era un cadáver.
No era una herida abierta.
Era un recordatorio.
Si lo borraba, convertiría el mensaje en un rumor. En algo que podría negarse. Pero mientras estuviera visible, mientras el n