Ren volvió a la rutina con la esperanza de toparse con Hyeon, nervioso y cansado como si cargara piedras invisibles en los bolsillos. No veía a Hyeon por ninguna parte, ni en la universidad, ni en los lugares que solían cruzarse.
Lo único que notaba ahora era esa sombra silenciosa: un guardia vestido de civil, siempre a cierta distancia, que lo seguía como una sombra inoportuna. Cómo si estuviera observándolo a la distancia como antes.
—Ya ni respirar me dejan mis padres. Maldita sea ¿porqué tu