Mundo ficciónIniciar sesiónAlessandra llevaba cuatro años casada y creía tener una vida perfecta, hasta que Johana, su media hermana, regresó y lo destruyó todo. En solo dos años, la separó de su esposo, la aisló de su familia y la condujo a una muerte llena de abusos y traiciones. Pero Alessandra despierta justo el día en que Johana volvió. Con todos sus recuerdos intactos, decide cambiar su destino, descubrir por qué su esposo dejó de amarla de un momento a otro, descubrir por qué su familia murió en condiciones extrañas y proteger todo lo que perdió. Esta vez no será la víctima. Esta vez, todos quienes la dañaron, pagarán con su vida
Leer másHace dos años mi vida parecía de ensueño. Tenía un esposo que me amaba, me escuchaba, me mimaba.
Hace dos años…
Ahora no reconocía a la persona que dormía a mi lado algunas noches. Porque no siempre venía a la casa. Todo empezó cuando volvió mi media hermana del extranjero. De un momento a otro, todo cambió, y eso que ellos nunca habían tenido nada. Scott empezó a comportarse de forma extraña a su alrededor.
Había comenzado a mostrar una preocupación hacia ella que me resultaba desconcertante. Era como si hubiera vuelto su amor de la secundaria. Como si hubiera sido su primer amor. Y yo, quedé relegada a la oscuridad, a los insultos, golpes y problemas que ella me provocaba.
Le gritaba a Scott siempre que sucedían, y él siempre los desestimaba. Me gritaba que era desconsiderada, que la “enfermedad” de Johanna la hacía más débil, que él debía cuidarla porque era de la familia, que yo debía ser consciente con mi hermana. A las pocas semanas, yo era la mujer más cruel del mundo. Decir que estaba confundida y adolorida en mi alma, era poco.
En mi mente comenzaron a reproducirse los peores acontecimientos, porque ella era mala, y me había culpado a mí cada vez que algo le pasaba. Con Scott habíamos estado casados cuatro años. Creí que conocía al hombre que pensé que era el amor de mi vida, pero me equivoqué terriblemente. Porque esa persona no era el tipo que me pidió matrimonio y me juró amor eterno.
Había llorado tanto tiempo en estos dos años, que ahora mismo ni siquiera me caían lágrimas. Aunque no era completamente cierto, hace momentos había llorado mucho. Sin embargo, ahora me sentía completamente insensible. Destrozada. Como si mi mente se hubiera desconectado de mi corazón.
Ni siquiera sentía el frío del suelo del baño, porque lo único que no podía dejar de mirar, era la sangre que se acumulaba entre mis piernas. Debí saberlo desde un principio cuando supe que estaba embarazada. Nunca debí encariñarme con él o ella. Nunca debí decirles a ellos.
Nunca…
Nunca…
Esto me iba a perseguir toda mi vida. Ilusamente creí que él estaría feliz, que por fin nos daría el lugar que merecíamos. Pensé que iba a traer de vuelta al hombre que amaba. A ese hombre que había hecho de todo para enamorarme, y quién me había prometido mil cosas y que las había incumplido cada vez que pudo.
Por ella.
Por Johana.
—Mierda… —escuche su voz consternada—. ¿Qué hiciste, Alessandra?
Me reí. Era el tipo de risa que resultaba incómoda y forzada. Así era siempre.
¿Qué hiciste, Alessandra? ¿Por qué le haces esto a Johana, Alessandra?
¡Deja de tratar de hacerle daño a Johana! ¿Por qué eres tan egoísta?
Encontré mi voz y lo miré a los ojos.
—Perdí al bebé —trague saliva al sentir la garganta seca—. Por culpa de Johana, pero nunca será su culpa, ¿cierto?
Scott frunció el ceño ante mis palabras. Me veía en el suelo, llena de sangre, sabía que era el bebé, pero no me levantaba, no llamaba a emergencias.
¡Lo odio!
—¿Vas a llevarme al hospital o esperaras que me desangre aquí? —inquiero.
—Dime qué hiciste, y no le eches la culpa a Johana…
—¡Vete a la m****a!
Scott abre los ojos sorprendido. Nunca le había insultado así, pero ya estaba harta de esto. Harta de toda esta m****a.
—Siempre vas a preferir a Violet, incluso por sobre tu esposa, la mujer que decías amar —me levanto con dificultad. Todo el mundo gira a mi alrededor—. Incluso sobre tu propio hijo, ¡que ella mató!
Dios, tengo tantas cosas que decir, pero mi cuerpo me traiciona, y la pérdida de sangre se hace presente llevándome en el más oscuro vacío. No sé siquiera si toco el suelo, pero espero no volver a despertar. Sin embargo, alcanzó a ver la mirada de horror en sus ojos.
Si hay otra vida, quiero hacerles pagar con su vida.
Mi día no podía ser peor.No había recibido llamada por parte de Máximo y no pude tener mi tranquilo día de compras. Lo que significa que todavía estaré vistiendo estas ropas horribles un día más. La llamada en pánico de Scott no me permitió seguir con lo planeado. Su voz apenas se escuchaba, como si le costara hablar.Soy consciente de todo lo que pasó, y el hecho de que yo haya renacido.Y que todavía está en período de prueba. —Necesito que vengas de inmediato a la empresa, por favor. Y con ese tono de cachorro abandonado, no me pude resistir. Nunca he dicho que fuera una chica difícil, solo selectiva. No cualquiera puede tener el honor de mi presencia y mi amabilidad. Al llegar a la empresa, la recepcionista me da una sonrisa tensa, lo que me hace pensar que debe ser algo muy malo si ella está enterada.Cuando las puertas del ascensor se abren, me encuentro cara a cara con la secretaria de Scott, Rubi.—Buenos días, señorita Alessandra.Si la recepcionista estaba tensa, Rubi par
Punto de vista de ScottCierro la puerta de la entrada con más fuerza de la necesaria. Mi cabeza es un puto torbellino y el enojo corre por mis venas impidiéndome pensar con claridad. Estas últimas horas han dado vuelta por completo mi vida.Primero con el tema de la empresa y la filtración de los datos. Millones de dólares se perdieron, y ahora tengo a la junta respirándome en la nuca. Todavía me parece extraño que Johana tenga esa información, porque ha estado en tratamiento por su enfermedad por varios años en el extranjero. Cuando me llamó y me dijo que tenía esa información, que alguien se había contactado con ella, pero que no conocía a la persona, tuvo mi atención. Después de todo, había una rata en mi empresa y necesitaba saber quién era antes de tener la reunión con el consejo, es decir, en tres días.Me subí a mi camioneta y dejé salir un suspiro. Apoyé la cabeza en el respaldo antes de siquiera encenderla. Primera vez en estos años de casados que yo salía sin que Alessan
Cuando termina el incómodo desayuno, Scott y yo tomamos nuestras cosas y nos vamos a nuestra casa. Nadie más habló en el desayuno posterior a eso. Miré cada cosa que hacían, cada expresión que tenían, haciéndolos sentir más incómodo. De vez en cuando le daba sonrisas a mi abuela, que no parecía afectada por el silencio. Lo que es de esperarse, es decir, mi abuela tuvo que sacar a flote la empresa en un mundo de hombres arrogantes que quisieron verla fracasar. Esto no es nada para ella. En el auto ninguno de los dos dijo nada, aunque presentía que Scott quería hablar. No fue hasta que llegamos a la casa que explotó.—¿Quienes eran esos cinco tipos que querían casarse contigo? —preguntó apenas cruzamos la puerta.En su tono de voz había molestia y celos. Antes nunca había tenido que preocuparse de eso porque solo tenía ojos para él. No estaba en mi objetivo contarle para provocar celos, ni siquiera las tomaba en cuenta. —¿Para qué quieres saber? Han pasado varios años desde eso —respo
A la mañana siguiente, me desperté primero que Scott y bajé a la cocina. Por suerte, ya estaban preparando el desayuno, porque tenía tanta hambre que deseaba comer de todo. ¿Será porque estuve muerta? Ahora mi cuerpo quiere recuperar esos momentos. Quizás suena muy loco, pero ahora para mí todo es probable. Renací, después de todo, no creo que eso sea normal.Aun me cuesta aceptarlo del todo, parece como un sueño.Me sorprendo cuando en la mesa, ya está sentada Johana. Mira qué madrugadora, no recuerdo que lo haya sido en mi otra vida. Bien podría ser cierto ese dicho de que el mal nunca duerme. Una pequeña risa sale de mí al pensar en eso, lo que hace que ella levante la cabeza. La taza de café que se había llevado a los labios, queda a medio camino.O mejor, espero que nuestros gemidos le hayan quitado por completo las ganas de dormir. Que de la rabia y envidia no haya podido cerrar los ojos.—Tan sola, Johana, ¿qué pasa con los demás? —pregunto. Me mira y aprieta la mandíbula. To





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