Mundo ficciónIniciar sesiónEl resto de la fiesta, observo todo a mi alrededor con nuevos ojos. Me quedo siempre al lado de mi abuela, pero no pierdo de vista a Scott ni a Johana. Ella se pasea junto a sus padres. Mi papá ni siquiera ha venido hacia la abuela, y eso la entristece.
—Él no era así —suspira con pesar—. Pero ha cambiado tanto, que ya no lo reconozco.
—Es mi padre, pero lo único que siento hacia él es indiferencia.
A mi mente viene el recuerdo de cómo abandonó a mi abuela en manos de su esposa e hija. Se me aprieta el pecho y me dan unas tremendas ganas de llorar. De ir a enfrentarlo en su cara, de gritarle que es un cobarde. Antes no me sentía así, pero ahora solo quiero gritarle lo mal hijo que es.
—Hija, ¿por qué Johana llamó a Scott? —pregunta.
Sabía que en cualquier momento me lo iba a preguntar. Ella no es tonta, a sus ochenta años tiene mente de acero todavía, y se vale por sí misma sin necesitar a los demás. Es la mujer más inteligente que he conocido, puedes preguntarle de cualquier tema y ella lo sabe. Fue ella quién se hizo cargo de la empresa familiar cuando mi abuelo murió a los treinta y cinco años por cáncer de estómago.
El trabajo lo envolvía, y se dio cuenta demasiado tarde de que estaba enfermo. Nunca le comentó a mi abuela que se sentía mal, pero cuando lo hizo, no había vuelta. Desde ahí, mi abuela, que en ese entonces tenía veintinueve años, se hizo cargo de todo. Su don para los negocios llevó a la empresa a la cima.
Actualmente somos la mayor empresa de tecnología en el país.
—No lo sé, abuela, pero ten por seguro que lo voy a descubrir —la tranquilizo con unas palmadas en la mano.
Mira a Scott y luego vuelve a mirarme.
—Él te ama, siempre lo ha hecho…
No necesita decir más, lo veo en su mirada. Scott me ama, y mi padre amaba a mi mamá, sin embargo, de un momento a otro le había sido infiel con una vil mujer. ¿Estaba yo destinada a vivir la misma vida que ella? A ser engañada por el amor de mi vida y luego morir. Bueno, ya morí.
Y es la hija de la amante de mi padre, quien se interpone entre nosotros.
Que maldita es la vida.
Paseamos con mi abuela conversando con los magnates que asistieron. El objetivo de esta velada es crear más conexiones. Ella me presenta a todos, y se asombran cuando hablamos, de que yo sepa de negocios. No soy solo una cara bonita, qué te puedo decir. Scott se unió a nosotras, pero mantenía su distancia conmigo.
No lo miré en ningún momento. A cada paso que dábamos me acordaba de todo lo que me hizo en mi vida anterior, de todo lo que lloré, de lo sola que me sentí, y del hijo que nunca llegó a nacer. Dejamos a mi abuela en su dormitorio cuando la fiesta acaba, y ambos caminamos hacia mi cuarto en esta casa.
Me pregunto, si él quería al bebé que estaba esperando. No sabría decirlo, ya que en ese año, Scott era un hombre completamente diferente. Justo cuando llegamos a la puerta, Johana está entrando en la suya, que da el caso, está justo al lado de la mía. Nos mira de reojo, pero no dice nada.
Uy, me dieron ganas de portarme mal.
Abro la puerta y entro directamente al baño. Cierro de un portazo, no quiero que olvide que estoy molesta. Apoyo las manos en el lavado, cierro los ojos un segundo y dejo salir el aire lentamente. Todavía no me creo que haya realmente renacido, que el universo me haya dado una segunda oportunidad para enmendar todo.
Me quito la ropa y me meto a la ducha, con la insana necesidad de sentir el calor del agua, como si esperara que en cualquier momento despertara en la habitación de un hospital con la realidad de que nada ha cambiado. Que esto fuera un sueño, y una vez que despertara, volviera a la pesadilla de mi vida.
Al terminar, me envuelvo en una toalla y salgo del baño. Scott está sentado en la cama con los codos en las rodillas y las manos en la cabeza. Apenas salgo, él levanta la cabeza. Sus ojos están rojos, su pelo desordenado y hay pura desolación en su rostro. Mi corazón se aprieta al verlo así. Camino hacia él, subiéndome sobre su regazo.
Scott me mira sorprendido, pero sus manos se posicionan sobre mi cintura. Abro el nudo de mi toalla y la dejo caer.
—¿Por qué me engañaste, Scott? —susurro contra sus labios—. ¿Ya no me deseas?
Su agarre en mi cintura se apretó y me atrajo más hacia él. Podía sentir su erección contra mi centro.
—Siempre te deseo, Alessa, me vuelves loco —gruñe.
Llevo mi mano hacia su cuello, lo obligo a inclinarse hacia atrás para poder pasar mis dientes y lengua por toda su piel. Scott gime y recorre con sus manos mi cuerpo. Mis labios finalmente llegan a su boca. Ambos nos fundimos en un beso arrasador e intenso que enciende por completo mi cuerpo.
Llevo mis manos a los botones de su camisa y los arranco con un fuerte tirón. Me aparto para tomar aire, admirando y tocando mis manos su pecho y abdominales marcados. Un cuerpo trabajado que me pone tan tan caliente. Me siento posesiva, más posesiva de lo que me he sentido jamás.
Lo miro, a esos ojos azules, oscurecidos por el deseo. A su maldito rostro perfecto y varonil. En su momento, era el deseo de todas las mujeres. Todas se peleaban por un segundo de su atención, porque esa seriedad que siempre lleva encima le da un aire de misterio.
Todas quieren derretir un corazón helado.
—Eres mío. Mio, Scott —murmuro con posesividad—. Jodidamente mío.
Eso parece volverlo loco, ya que se levanta conmigo y me tira a la cama. Reboto en la cama, pero río y me alejo de él hacia el espaldar de la cama. Esta noche, disfrutaré doble, porque sé que mi hermanita estará escuchando todo.
—Y tú eres mía —dice quitándose los pantalones y la ropa interior.
Su erección salta al ser liberada. Grande y gruesa, lo que me hace mover las piernas y tragar saliva. Es una buena herramienta, pero Scott sí que sabe usarla.
—No.
—¿No? —inquiere con una ceja levantada.
—Si me engañas, me pierdes —digo ladeando la cabeza.
Me muerdo el labio mientras abro mis piernas por completo. La mirada de Scott va allí, y su mano a la base de su pene para tocarse. Bajo una mano lentamente por mi cuerpo, hasta llegar al manojo de nervios que me hará tocar el cielo. Me toco ante su atenta y hambrienta mirada.
—¿Debería dejarte tenerme otra vez? —pregunto con voz sensual—. Una última vez.
Gruñe y se sube a la cama posicionandose entre mis piernas.
—¡Eres mía, Alessandra, mía! —me grita y de una sola estocada se entierra en mí.
No puedo evitar gritar ante la intromisión de su tamaño, aunque la sonrisa que se forma en mis labios disminuye un poco el dolor. Espero que eso lo haya escuchado esa otra perra.
—Tu cuerpo está hecho para mí.
—Pero no me amas… —susurro perdiéndome en sus ojos.
Scott toma mi rostro con fuerza, me embiste con fuerza nuevamente provocando un jadeo de mí.
—Te amo, maldita sea, te amo más que a mi jodida vida.
Sus labios chocan con los míos, su lengua se enreda con la mía en una batalla en la que ninguno de los dos quiere ceder. Pero Scott no deja de follarme con fuerza, la cama choca con fuerza la pared, aunque él ni siquiera parece darse cuenta. Su boca me devora, luego me muerde en el cuello, sigue en mis pechos llevándome al cielo en sus brazos.
—Scott —jadeo cuando comienzo a sentir el orgasmo formándose en mi vientre bajo—. Scott…
—Eso es amor, córrete, quiero sentirte.
No hace falta que diga o haga nada más, porque el orgasmo me golpea con tanta fuerza que mi espalda se arquea. Grito, dejándome sentirlo por completo. Scott nunca se detiene, su resistencia en el sexo siempre me ha sorprendido y deleitado, así que cuando por fin recobro el sentido, lo empujo y me subo a horcajadas sobre él.
Jadeo con los labios abiertos cuando lo siento tan adentro.
—Te siento tan adentro —digo enterrando mis uñas en su pecho.
El dolor le saca un siseo, pero comienza a levantar sus caderas para encontrarse conmigo. Sonrío y comienzo a mover mis caderas en un círculo que sé que lo vuelve loco. Scott gruñe y deja caer la cabeza hacia atrás.
—¡Más rápido, bebé! —me dice.
Unas gotas de sudor están en su frente, y que yo también siento en la mía. Comienzo a moverme más rápido hasta que ambos llegamos al orgasmo gimiendo el nombre del otro en nuestros labios. Me quedo unos segundos sobre su pecho tratando de acompasar mi respiración. Escucho los latidos de su corazón, rápidos, pero constantes.
Cierro los ojos un segundos, pero cuando los vuelvo a abrir, he salido por completo de la neblina del placer. A pesar de todo, Scott todavía no me ha dicho desde cuándo habla con ella. Me levanto sin mirarlo.
—Alessa…
—Voy a darme una ducha —digo caminando nuevamente hacia el baño.
Quiero creer que en esta vida sus motivos para mentirme, para tratarme así, no son completamente de su propia decisión, porque si me equivoco… Aunque lo ame, lo haré pagar.







